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miércoles, 15 de julio de 2009

La luz interior

Aquí va una breve presentación de parte de las entrevistas de esta obra de Carlos Chimal. Interesantes, aunque a veces desbalanceadas, las entrevistas cubren a un buen número de científicos, especialmente de bioquímica, genética, física de partículas y neurociencias.

lunes, 4 de agosto de 2008

Semana 5. De masas, belleza y una vida de ciencia

En una sola semana vimos una denuncia de Ortega y Gasset contra el científico-masa, y a una contra-replica de un científico que ha hecho de todo para no quedar en la masa. La determinación de Lovelock de mantenerse como un independiente es tal vez la antítesis de la visión de Ortega y Gassete de un científico devorado por el aparato de su propia ciencia e ignorante de cualquier cosa que pasara en su alrededor. Pero el caso de Lovelock me parece en muchos sentidos interesante, aunque al mismo tiempo cuestionable. Si bien su determinación de trabajar siempre para si mismo fue fértil para su propio trabajo queda una sobra de deuda de si hubiera podido hacer mucho más guiando a equipos de investigación más amplios. Porque al final, la ciencia no es una labor de individuos excepcionales, sino de muchos científicos que contribuyen un poco a construir nuevas comprensiones, a través de la comprensión entre ellos. Ortega y Gasset no denunciaba que el científico se convirtiera en un artesano del conocimiento que contribuyera con sus pares, y en su caso los guiara, sino que se aislara del resto del mundo y que olvidara todo lo que no fuera su estricta competencia y se convirtiera en un ente anónimo para la sociedad en su conjunto, pero además con la pretensión de saber más que los demás. Por momentos Lovelock, con toda su excepcionalidad y su trabajo de reflexión, fundamental para entender a nuestro planeta, se parece un poco a ese científico aislado, por otros emerge su responsabilidad social y sus críticas a los que en el ámbito político deforman las ideas científicas a su conveniencia. En conjunto, la autobiografía de Lovelock nos muestras la vida cotidiana de un científico lejos de las idealizaciones del científico consagrado únicamente a su trabajo. Desde la descripción de sus viajes, el reconocimiento de la importancia del amiguismo, la forma en que los encuentros fortuitos hilaban ideas nuevas, los enfrentamientos con la burocracia, hasta las forma en que sus preferencias de clima o gastronomía terminaban por definir mucho de su trabajo subsecuente, Lovelock hace patente que el científico es también un ser humano que actúa por impulsos a veces poco racionales. Freud tendría que decir mucho de su infancia, y su decisión de llamar a su teoría Gaia, pero tal vez a Freud el científico le habría interesado la forma en que pudo enlazar sus gustos personales con su trabajo científico para hacerlo más provechoso, cosa que Sigmund tal vez no pudo lograr absorbido por las horas interminables de diván. Pero en este punto es donde tal vez un Ortega y Gasset le haga notar su falta de compromiso y de voluntad para trabajar con otros y guiarlos, de solo auto-afirmarse y sentirse complacido en todo momento por su conducta sin someterla al escrutinio de otros.
Pero al final, el escrutinio de los otros, no solo de sus pares, es el que podría poner a los científicos a buen resguardo de convertirse en hombres-masa. Y es en cierta forma lo mismo que quiere demostrar Asimov en su referencia a la belleza que revela la ciencia, si esta no cumple con su papel de desvelar para todos y no solo para si misma, lo que hay de bello en el mundo, entonces sera percibida desde fuera como un mundo árido lleno de personas extrañas que sólo están interesadas en sus asuntos. El problema que creo resumen los tres textos y que tienen que ver con muchos de los vistos con anterioridad es el de como los vasos comunicantes entre los científicos, la sociedad científica y la sociedad en general son también un motor para el desarrollo del conocimiento, y que debilitarlos, permitiendo que el científico sólo se preocupe de su encumbrado conocimiento como denuncia Ortega y Gasset, ocultándose tras instituciones sin probar y conocer otras formas de hacer ciencia como lo evito Lovelock, o cancelando la posibilidad de que el ciudadano común también disfrute de la belleza de la ciencia como lo plantea Asimov, solo contribuirá a debilitar a la propia ciencia.

Semana 1: De helices y comunicación

Si bien el siglo XX estuvo fuertemente marcado por los avances de la física que llevaron a la energía nuclear, en esta misma época la biología lograra establecer una teoría central para explicar los fenómenos de la vida sin tener que recurrir a explicaciones teleológicas. Pero lo que es particularmente notable en la construcción de este conocimiento es la forma en que este se construyó a partir de la colaboración entre especialistas de diferentes áreas, algunas tan lejanas aparentemente como la cristalografía. Más que el descubrimiento en si mismo, que es fundamental para entender los avances de las ciencias de la vida, las dos lecturas hacen hincapié en las circunstancias del descubrimiento, que como Thuiller ilustra en su obra, sigue en cierta forma el modelo propuesto por Khun para explicar las revoluciones científicas y los cambios de paradigmas. Pero más que el paradigma en si mismo, el avance de la biología en el siglo XX pone de manifiesto algo que era de especial interés de Khun y de muchos sociólogos de la ciencia posteriores, la relación entre los científicos, sus sociedades y la sociedad en general. Bernal aborda más la relación entre ciencia y sociedad, mientras que Thuiller y Chambers ilustran las condiciones de la sociedad científicas al menos en su forma más oficializada y civil, ya que por más que se quiera, las relaciones entre científicos se verán algunas veces guiadas por deseos menos valorados que el de conocimiento y por prácticas no del todo metodológicas. Sin embargo, creo que más que negar el valor de la ciencia, el admitir que los descubrimientos científicos son producto de un poco de suerte, oportunidad y audacia, hace más notorio su valor y el de los practicantes como miembros de una sociedad que aprovechan este bagaje y no sólo lo mejoran sino que además lo someten a escrutinio público para desarrollarlo aun más. Si las discusiones sobre el fago se hubieran quedado en sus laboratorio, es muy probable que Watson jamas hubiera viajado a Inglaterra para conocer a Crick y empezar a especular sobre el trabajo de unos cristalográfos. El hecho mismo de que la elucidación de la estructura del DNA y de su posible relación con la transmisión de información mediante su reproducción se dieran a conocer en una apenas media docena paginas de una revista científica, a unos días de haberse realizado los trabajos que permitieron llegar a esos resultados, son un ejemplo del valor que para los científicos de esta época tenía la comunicación de sus descubrimientos y de poderlos discutir lo antes posible con otros especialistas.
Tal vez, el mayor arrojo de Watson y Crick no fue tanto adelantarse a Franklin, Wilkins o Pauling, sino atreverse a discutir su teoría y suponer un uso para ella. Parte del éxito del grupo de Watson y Crick fue su habilidad para definir y enfocarse en asuntos centrales de los mecanismos biológicos, al tiempo que mantenían el libre intercambio de ideas.
Por su parte Bernal, además de hacer una magnifica reseña del estado de las ciencias biológicas hasta mediados del siglo XX, también deja constancia de sus ideales políticos y de como la ciencia se relacionaba con ellos. Aunque hay que admitir que en la visión de Bernal la ciencia tiene un papel social y políticamente neutral, el mismo deja ver que el científico debía ser alguien comprometido de lo contrario la ciencia podría ser tomada por personas con menos escrúpulos y usadas para fines poco humanitarios. El científico al final no solo es responsable de la calidad de su investigación, sino en parte, de las consecuencias que esta tendrá para la vida en general.