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lunes, 3 de agosto de 2009

Semana 6: Chimal y divulgación 2.0

En este texto voy a comentar sobre los capítulos que leí del libro Luz Interior de Carlos Chimal y luego sobre la forma nueva de usar la Web 2.0 para divulgar la ciencia (artículos publicados en Nature).

Mi primera impresión sobre el libro de Chimal es que se parece mucho al libro “Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo” de Guy Sorman (del que ya comenté aquí) ya que entrevista a varios científicos del más alto nivel para esclarecer sus ideas.  Comparando a ambos, me pareció más interesante el estilo de Sorman, pero este no deja de ser muy bueno.  Comencé leyendo sobre “ciencias duras” (Genética molecular con François Jacob, el cosmos con Martin Rees, la atmósfera con Mario Molina y física de partículas con Christopher Llewllyn Smith), y luego pasé a leer sobre “pensar la ciencia” (los capítulos de Michel Rio y el de Alan Sokal y Jean Bricmont).  Todos me parecieron muy interesantes: con los primeros aprendí mucho acerca de los últimos avances en campos en los que nunca había incursionado (y compruebo que definitivamente no hay nada como leer a los pioneros interpretados por un buen intérprete, valga la redundancia).  El capítulo de Rio estaba muy interesante, aunque me pareció un poco desarticulado del resto del texto (o a lo mejor como me brinqué varios capítulos para llegar allí, me perdí de alguna introducción) y el de Sokal/Bricmont me sirvió para seguir en un desacuerdo con muchos de sus planteamientos (pero sobre todo por su estilo).  Ya no ahondo más con Sokal, ya que escribí algo sobre esto aquí.

Los artículos de Nature me parecieron sumamente interesantes para nosotros, los que intentamos ser divulgadores, porque plantean una novedad en la divulgación que nadie ha estudiado a fondo y que realmente nadie sabe como regularlo.  Se trata del uso de la Web 2.0 para divulgar la ciencia (principalmente por medio de blogs), de la manera en que los asistentes a congresos pueden comunicar inmediatamente lo que está pasando, los nuevos avances (que algunas veces no están confirmados o pensados lo suficiente porque apenas son ideas que están surgiendo o se están desarrollando) están en manos del público en general en segundos después de que se comunicaron en algún lugar a puerta cerrada.

Los artículos de Nature que sí tuvimos tiempo de discutir, hablaron de la forma en que se tiene que cambiar la relación entre el científico (quien es como un sacerdote que pasa un dogma a la comunidad) y el divulgador, deben ser más cercanos en “nivel”.  Luego hablamos de la historia de los divulgadores que comenzaron en los 1930s y 40s en “alabar” a la ciencia (tipo porristas) hasta llegar al momento posterior a la segunda guerra mundial donde se han vuelto como “perros guardianes” para cuidar al pueblo de los científicos, hasta llegar a la actualidad donde se supone que hay un equilibrio entre porristas y perros.

Un comentario interesante, sobre todo para nuestra realidad en México, es el artículo sobre el “boom” de divulgación en Arabia, ya que no es un país de primer mundo en cuanto a la investigación (aunque ahorita está teniendo un auge increíble) y creo que hay varias cosas que podemos aprender para aplicar aquí.

Antes de terminar, les agradezco a todos sus comentarios, debates, ideas, etc.  Me divertí bastante este curso, gracias a todos ustedes.  ¡Saludos!

sábado, 11 de julio de 2009

Semana 5: Ortega y Gasset, Asimov y el científico independiente

La primera lectura de esta semana fueron dos capítulos del compendio realizado por Martin Gardner titulado “Los grandes ensayos de la ciencia”.  Como me tocó exponer estos capítulos breves, subí aquí mi exposición.  Sin embargo quiero hacer un par de comentarios sobre los textos.

Ortega y Gasset está muy preocupado por el hombre-masa, aquel individuo mediocre fruto de la industrialización del siglo XIX, quien sería Vicente del viejo refrán que dice “¿a donde va Vicente?, a donde va la gente”.  Se preocupa que la ciencia está haciendo que los científicos se vuelvan hombres-masa porque es un completo ignorante en asuntos que no son parte de su especialidad, lo cual le hace perder contacto con el resto de la ciencia.  Yo creo que Ortega y Gasset sabe que la especialización de los hombres de ciencia es inevitable (el que mucho abarca, poco aprieta) y ha dado lugar a los grandes progresos científicos de nuestros tiempos, sin embargo creo que está tratando de que no olvidemos que la especialidad es solo una parte de un conjunto mayor y hay que conocer un poco acerca de la totalidad para no estar aislados y haciendo trabajo de poco valor.  Habría que pensar qué hacer con los estudiantes de posgrado para ayudarlos a no perder de vista el universo de la ciencia, o por lo menos la historia de la ciencia dentro de la que se especializan.  Este es un tema abierto que hay que debatir con urgencia.

Por otro lado Isaac Asimov nos recuerda que la ciencia, lejos de reducir la naturaleza a estadísticas, números y datos fríos, nos brinda la oportunidad de ver mayores bellezas que no podemos percibir sin la ayuda de ella.  Esto es totalmente cierto, y aunque de forma menos poética, también encuentro mucha belleza de poderme sanar de una enfermedad, calentar mi comida en minutos en el horno de microondas y usar mi computadora para informarme y trabajar, todo esto gracias a la ciencia.

El otro texto es un relato interesantísimo de la trayectoria de James Lovelock (su página personal es esta) quien decidió ser un científico independiente para poder perseguir las investigaciones que realmente lo apasionan sin estar sujeto a lo que dicta una institución.  El libro, Homenaje a Gaia: la vida de un científico independiente, es una autobiografía donde narra su formación como científico desde niño, de sus trabajos en diferentes lugares (como la JPL, Shell, etc.) y su teoría Gaia la cual ve al planeta tierra como un ser vivo.  De esta narración me llama la atención que para él ser un científico independiente fue un asunto relativamente fácil (solo tuvo que inventar varias cosas y trabajar como asesor en lugares importantes que seguramente le pagaron bastante bien), aunque dudo que esta pueda ser la aspiración de la inmensa mayoría, ni siquiera en los países más desarrollados.  Para poder montar un laboratorio sin ayuda financiera de alguna institución como lo hizo Lovelock, no es proeza fácil.   Hace una crítica interesante al sistema educativo y creo que tiene mucha razón en muchos de los puntos que aborda, sobre todo cuando habla del aprendizaje entre pares.  Sin embargo, hay que ver esto desde la perspectiva que siempre estuvo interesado en la ciencia y tuvo acceso a una buena biblioteca, entre otros factores.  Esto definitivamente no es el común denominador de todos los estudiantes.  El otro asunto a debatir es ver que se puede hacer en México (por lo pronto el resto del mundo no me interesa) para poder dar apoyo a los científicos.  No imagino que alguien pueda andar de científico freelance, pero el sistema actual no está respondiendo a esta necesidad.  Por lo pronto nuestro país reduce cada vez más el presupuesto destinado a la educación y al desarrollo tecnológico, como que ha perdido esperanza en los científicos nacionales y esperan importar conocimiento de otros lados… se me hace una actitud malinchista poco edificante; es como suponer que aquí no hay talento y solo los de otro lado tienen los “meros chidos” de la ciencia.  Por eso mucho del talento mexicano se va a Estados Unidos (y obviamente los beneficios de sus descubrimientos se quedan en el poder de los gringos).  Aún el SNI (Sistema Nacional de Investigadores) está apoyando a científicos que están más preocupados por generar montones de artículos en lugar de realmente hacer investigaciones profundas.  Recalco antes de seguir que este no es la totalidad de los casas: hay muchos que están en el SNI quienes realmente están innovando en sus campos.  Pero, ¿de qué manera se puede evaluar el rendimiento del académico?  Por lo visto que el número de publicaciones no es el más adecuando pero, ¿cuál sería el criterio?  Habrá que discutirlo…

domingo, 5 de julio de 2009

Semana 4: Ciencia y arte, Carl Sagan y críticas de las críticas

El primer texto de la semana fue tomada del libro “La piedra de toque: la ciencia a prueba” de Jean-Marc Lévy-Leblond.  En los capítulos que leímos comienza criticando a la ciencia como forma cultural.  Distingue 3 funciones de la actividad crítica que debería tener la ciencia: la función productora, la cual se refiere a los procesos internos de producción donde la crítica debe verificar la validez del trabajo (su calidad); el sentido, lo que significa una producción en su entorno social; y su orientación que se refiere a tomar en cuenta la ruta histórica de una disciplina, criticarlo desde sus raíces.  La función mediadora, la cual se refiere a la difusión de los avances científicos (donde entramos en juego lo que estamos en esta maestría), y se trata de ver no solo lo qué es verdadero, sino de saber en qué lo verdadero es importante o interesante (p. 118).  Aquí también entra en juego la forma en que se están formando a los investigadores porque en la actualidad el sistema de formación no toma en cuanta la historia del campo, conocimiento indispensable para la crítica de la función productora.  La última función es la política que se refiere a la socialización del conocimiento científico y resalta que es necesaria una crítica de la forma en que la producción científica afecta a la sociedad.  En lo personal, creo que este último tipo de crítica es la que hace más falta actualmente y creo que me gustaría ejercer esto.  Se me hace más importante que simplemente revelar fraudes o solo bombardear al público de conceptos y datos.

El capítulo XII trata de converger el arte y la ciencia, de ver las relaciones de un científico con algunos aspectos de las artes plásticas contemporáneas.  Algunas de las obras empleadas en este esbozo de ideas, los publiqué aquí hace unos días.

El siguiente capítulo habla de lo que la literatura nos aporta para explicar la ciencia.  Al pensar en divulgar “al público” (concepto muy amplio que incluye a todos, pero no se refiere a nadie en particular) es complejos, sin embargo la literatura lo hace bastante bien.  Me recuerda a las obras de teatro hechas por Galileo para explicar sus descubrimientos al pueblo.  El autor usa imágenes de novelas que nos ayudan a relfexionar sobre la producción científica, como Bouvard y Pécuchet de Gustave Flaubert que ayuda a entender que la ciencia tiene su locura y estupidez.

El capítulo XIV habla sobre la relación existente entre ciencia y ficción, donde expresa que no son incompatibles y la forma en que en la ciencia existe ficción, principalmente en la forma de inventar nuevos mundos (como los Gedankenversuch de Einstein) o la simulación que va más allá de la realidad.  Finalmente en el último capítulo que leí (la XV), Leblond hace hincapié que la lengua es la que impulsa a la ciencia, es decir, que los científicos tienen que prestar atención al uso que le dan a la lengua, que sea la correcta porque pueden originarse confusiones.  Esto me recuerda a los regaños de uno de mis maestros de la licenciatura que se quejaba diciendo que “los ingenieros estábamos acabando con la lengua” y es muy cierto.  Esto me preocupa mucho porque al ver a mis alumnos adolescentes escribir, me doy cuenta que tampoco saben escribir (ortografía y “modismos” quesque derivados el uso del messenger como el “ke” en lugar del “qué” o escribir dos “i” cuando solo va una o poner un cero después de cada “o”, entre otros), ni tampoco como expresarse de forma escrita (errores gramaticales garrafales).  Y la bronca no es solo entre adolescentes: también le doy clases a ingenieros en sus primeros semestres y la escritura es igual o peor.  ¿Cómo van a divulgar ciencia, es más, cómo se van a comunicar si no saben escribir?  Las escuelas de hoy anuncian que enseñan valores, pero deberían preocuparse antes de asegurarse que saben leer y escribir.

Por otro lado el autor, como buen francés, está molesto por la predominación del inglés para textos científicos.  Definitivamente es otra forma de discriminación y aleja los nuevos desarrollos de mucha gente.  Por ejemplo, el otro día estaba leyendo el proyecto de doctorado de una mujer española y todas sus referencias eran a gente que escribía en español y yo comenté una lista de bibliografía, muy importante para su trabajo, pero todo está en inglés.  Me recuerda a lo que hizo Dante con la literatura en su época, donde no le importó escribir en italiano en lugar del latín que era la lengua docta en el que todos escribían.  A lo mejor el inglés llegue a ser una lengua muerta en el campo de la ciencia, pero no sucederá en un futuro nada cercano (de hecho dudo que suceda, pero Leblond le gustaría, jeje).

Las siguiente lectura fueron algunos capítulos del libro El Universo de Carl Sagan donde 23 autores hablaron sobre los planeas y diferentes aspectos de la divulgación de la ciencia (lo que a nosotros nos interesa más) en honor del 60 cumpleaños de Carl Sagan, uno de los divulgadores más importantes del siglo XX.  Voy a hablar de algunas ideas de los dos primeros capítulos, las cuales se me hicieron las más interesantes.

En el capítulo 12, Ann Druyan se cuestiona la importancia de divulgar la ciencia.  Parte del hecho de que los primeros científicos presocráticos “metían las manos” al hacer ciencia, sin embargo desde Platón muchos intelectuales practican la ciencia solo en ciertos lugares aislados de todo el mundo, lo cual es un grave error.  Ella ve que la ciencia va ligado a la democracia, donde todos pueden opinar sobre los acontecimientos en lugar de quedar al margen, cosa que se ve obstaculizada si los hombres (y mujeres, para no verme sexista) de ciencia están aislados sin compartir sus avances.  Una frase que me puso a pensar es cuando escribe “podemos hacer ciencia prescindiendo de democracia.  Pero me pregunto si podemos esperar que exista la democracia si falta la ciencia” (p. 206).  Esto me recuerda a un proyecto que hicimos hace un año en la clase de Susana, donde le apostamos a la divulgación de la ciencia para ayudar a atacar el problema de contaminación en el río Santiago.  Hablando con la gente afectada de El Salto me di cuenta que se habían metido a fondo a estudiar asuntos de ciencia relacionados a su problemática y me citaban estudios realizados y sus resultados.  Realmente creo que la ciencia es capaz de transformar la forma en que vemos el mundo, y estas personas, gracias en gran medida a lo que han aprendido de la ciencia que alerta sobre el río Santiago, se han manifestado públicamente en numerosas ocasiones buscando un trato más justo y democrático.  Otra idea que entra en un debate que teníamos en una clase anterior es la de no subestimar a la gente, de respetar su inteligencia.  No creer de antemano que “la gente” no tiene conocimiento previo.  Creo que la solución es escribir para cierto público meta, que conozca más o menos, para escribir algo acorde a sus intereses y a lo que saben.

El capítulo 13 lo escribe James “el asombroso” Randi quien habla de los problemas con la pseudociencia y quienes buscan engañar con cosas que parecen científicas, pero que no lo son.  Para él, el divulgador debe intentar informada a la gente, e incluso destruir sus creencias o hacerlos dudar de ellos, luchando contra el pensamiento mágico que da respuestas sencillas y positivas, sin condiciones, objeciones ni probabilidades estadísticas.  Tal vez esta sea la misión de Randi, pero como dije antes, la mía es la de mostrar repercusiones sociales de los avances científicos.

El último texto fueron varios capítulos del libro “The Flight of Science and Reason” que Mauricio de forma muy amable nos compartió su presentación aquí.  Debo decir que no me gustaron mucho los textos, ya que pecan de lo que critican.  Básicamente los autores, que son bastante distinguidos (entre ellos algunos tienen premio Nobel), critican el hecho de que nos estamos alejando de la ciencia y la razón.  Culpan las críticas de los postmodernistas quienes dicen que el conocimiento es social cuyo contenido fluye hacia las masas y está diseñado para dar soporte a los grupos que están en el poder.  Estoy de acuerdo que no todo el conocimiento es igual de válido, pero creo que estos autores se lo toman demasiado en serio.  El capítulo de Herschbach usa una metáforas de jardinería para mostrar que la hostilidad mostrada hacia la ciencia (y por consiguiente, también hacia los científicos) que “abunda” en los textos de los humanistas derivan de que no conocen a la ciencia, que creen que es un proceso inflexible.  Es interesante su explicación sobre la forma en que “funciona” la ciencia (y otra parte aburrida, por lo menos para mí, fueron los mil detalles de como se pasó de la idea de Otto Stern sobre átomos en campos magnéticos hasta llegar a la cura del SIDA).  Goodstein habla de los fraudes dentro de la ciencia, más allá de gente que se roba los créditos de los trabajos (que es muy frecuente, por cierto), sino que cuando los procedimientos necesarios para replicar los resultados del estudio o los resultados mismos son representados erróneamente con conocimiento de causa.  Esto muestra que los científicos también son parte de la sociedad y no aislados de ella, y al igual que toda la sociedad, hay quienes son corruptos y tranzas como hay muchos más que son honestos.  Weissmann hizo un artículo, desde mi punto de vista el más interesante, sobre la historia de la medicina donde deja ver que el abandono de la ciencia ha sucedido desde hace mucho tiempo.  Sampson me parece que tiene la misma misión en la vida de Randi (mencionado anteriormente)  porque en su capítulo habla enérgicamente en contra de la medicina alternativa.  El capítulo de Held se me hizo bastante aburrido y no aporta mucho a la discusión, por lo menos desde mi humilde punto de vista, sin embargo Lewis ataca de frente a los “verdes” que se han alejado de la ciencia, o más bien lo necesitan para fundamentar sus ideas, pero son hostiles hacia ella por ser el culpable de todos los males de que afectan el medioambiente.

Creo que esto fue mucho rollo, pero es compartirles lo que me llamó la atención de las lecturas.  Gracias.

lunes, 29 de junio de 2009

Semana 3: Freud y metáforas sobre la muerte.

En esta semana comenzamos intentando digerir a Freud un poco diferente al concepto “tradicional” de encasillarlo en el mundo de la psicología para apreciar su trabajo, en el campo de la neurociencia y la neuropsicología.  Estos textos fueron tomado por los resultados del simposio “Neuroscience of the mind on the centennial of Freud’s Project for a Scientific Psychology”.  Debo confesar que me fue muy complicado entender todo lo que los conferencistas (leímos las ponencias de Karl Pribram, Geert Panhuysen, Zvi Lothane y Andrew Brook), sin embargo rescato algunos hechos que me parecieron interesantes.

  • Freud presentó una neurofisiología muy sofisticada y, como dije antes, adelantada a su época.  Probablemente por eso no pudo terminar su trabajo.  Su trabajo se basaba en la forma en que las neuronas se relacionan con los problemas psicológicos, cuando el concepto de neurona no estaba del todo aceptado por los científicos de la época.  Creía que la relación entre mente y cuerpo no era tan simple y buscaba las condiciones neuroanatómicas y neurofisiológicas bajo las cuales eran posibles la percepción, la memoria, el pensamiento y la represión.
  • El punto anterior me recuerda de lo que comenté acerca de la lectura de Norbert Weiner quien dijo que uno de los elementos necesario para nuevos descubrimientos era tener los materiales (léase también la tecnología) necesarios.  Freud carecía de la tecnología que posiblemente lo hubiera ayudado a terminar el Proyecto.
  • Debido a que no pertenecía a la comunidad de neurólogos de su época, no le hicieron caso y sus ideas quedaron en el olvido.
  • Él mismo abandonó su proyecto (titulado así) cuando no pudo llegar a concretar su teoría terminada.  Esto fue debido, en parte a su responsabilidad como autor, sin embargo hubiera sido interesante que compartiera su trabajo con otros para que le dieran retroalimentación y tal vez así poder llegar más lejos.  También estoy consciente que eso sucedería en un mundo ideal porque como dije en el punto anterior, los académicos “serios” (consideraban que lo que hacía era una pseudociencia) simplemente lo hubieras juzgado por loco, como sucede aún en la actualidad cuando algún “novato” propone un nuevo paradigma.

La segunda lectura fue tomada del libro “La muerte y sus ventajas” de Marcelino Cerejido y Fanny Blank-Cerejido (el texto completo lo puedes leer aquí).  Debo confesar que lo primero que me llamó la atención fue el título (seguramente fue hecho con fines mercadológicos) y, aunque trata de la muerte, tiene mucho que ver con la vida.  A mi me pareció muy interesante la forma en que explican el funcionamiento de las células y me pusieron a reflexionar acerca de las células “suicidas”, cosa que nunca me había puesto a pensar ya que el término célula refiere a vida y no a muerte.

Además de lo que aprendí sobre biología celular y evolución, debo resaltar que, pese a la discusión sobre las metáforas usadas en el texto, a mi en lo particular me sirvieron mucho y creo que entendí bastante bien.  A lo mejor pensó en un público como yo cuando lo escribió.  Entiendo la preocupación sobre el uso de lenguaje figurado y llegamos a la conclusión que la ciencia bien explicada no necesita metáforas, sin embargo me parece que los Cerejidos hicieron un buen trabajo, por lo menos para lectores como yo.

viernes, 26 de junio de 2009

Semana 2: Hologramas, pensadores e inventores

Esta semana reflexionamos en torno a 3 lecturas: El Paradigma Holográfico (del que ya escribí notas aquí), “Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo” de Guy Sorman, e “Inventar” de Norbert Wiener.  Como ya hablé (bueno, escribí) bastante del paradigma holográfico, me voy a concentrar en los otros dos textos que me parecieron muy interesantes y similares.

Del texto de Sorman, lo primero que me llama la atención es definir quienes son “verdaderos pensadores”.  Me encanta la respuesta del autor: “llamo verdadero autor a aquel al que yo designo como tal porque he deseado entrevistarlo”.  Para ser un poco más académico, dice que los verdaderos pensadores son “aquellos tras los cuales ya no es posible pesar como antes, en su disciplina”.

Después de esa frase que me gustó mucho (digo, si él es el autor, puede entrevistar a quien se le pegue la gana), hizo unas entrevista excelentes.  Tuve la oportunidad (como todos los que tomamos el curso, ya lo sé) de conocer mejor a Carl Sagan (con explicaciones del teoría del Big Bang) y contrastar sus ideas con James Lovelock (quien afirma que el planeta es un ser vivo), luego saber en que consiste la teoría del caos según Ilya Prigoguin y ver ideas totalmente opuestas de René Thom.  Finalmente pude concoer y contrastar trabajos de Stephen Jay Gould y Edward O. Wilson.  Definitivamente todos ellos han cambiado paradigmas y muchos no han sido comprendidos aún por sus seguidores.  También me cuestiona acerca de lo que aprendimos en la escuela (y lo que todavía se enseña): muchas veces son teorías obsoletas que han sido superadas.  Tampoco creo en exageraciones, como René Thom que dijo que a los 15 años deberían dejar de enseñar matemáticas al 99% de las personas (aunque muchos adolescentes se sentirían aliviados).  Me preocupa que más adelante hace falta un proceso de “desaprendizaje”.  ¿No sería mejor poner a los alumnos en contacto con los nuevos paradigmas?  Por otro lado, ¿cuánto tiempo debe pasar en dejar “madurar” las nuevas ideas para ver si resuelven problemas y están probadas?  Creo que esta es un área que hay que pensar, investigar y explorar.  Al leer estas teorías me doy cuenta que mucho de lo que aprendí en la escuela es obsoleto… y eso me preocupe que siga pasando con generaciones futuras (porque no veo que los contenidos hayan cambiado mucho).

Definitivamente las entrevistas son más enriquecedoras que sus obras porque Sorman puede profundizar y preguntar cosas que no están en sus obras y que hacen que sea más fáciles de entender para quienes no estamos iniciados en la física, biología, matemáticas o evolución.  Además la manera en que ordenó las entrevistas fue interesante porque habían dos opiniones contrarias sobre el mismo tema.  Al principio creí que podría ser confuso, pero lo encontré enriquecedor para comprender las diferentes teorías y formar mi propia opinión.

La lectura de Wiener fue enriquecedor porque él es uno de los verdaderos pensadores, aunque no haya estado en la alineación de Sorman.  En resumen muestra lo que se necesita para pueda fluir la creatividad del inventor, las cuales son las siguientes:

  • Clima intelectual: la idea nueva que se le ocurre a alguien y que quede registrado en lenguaje matemático.  Insiste en las matemáticas porque, además de que él es matemático, es un lenguaje que se interpreta igual aquí como en China, además de que permite poner solo lo que es esencial.
  • Clima tecnológico: que el investigador cuente con las técnicas adecuadas y los materiales necesarios.
  • Clima social: una comunicación efectiva entre el intelectual y el artesano.
  • Clima económico: contar con los medios para impulsar las investigaciones.

Este texto me hace pensar mucho en los climas de la investigación en México.  No dudo que exista clima intelectual pero creo que tenemos serias carencias en los otros climas.  No hay mucha inversión en ciencia y tecnología.  En el 2007 teníamos el presupuesto para ciencia más bajo de los últimos 20 años (este es el artículo).  No quiero deslindarme del problema y dejar todo en manos de políticos pero, ¿qué podemos hacer?  A lo mejor tiene razón Sagan cuando dice que los científicos deberían ser los gobernantes.  No lo creo del todo, porque como dijimos en clase “hay de sabios a sabios”, pero tal vez desde las universidades se pueda hacer algo.

sábado, 20 de junio de 2009

Semana 1: La biología molecular

Del artículo “Cómo nació la biología molecular” de Pierre Thuiller, me gustó mucho la forma en que analiza el surgimiento de la nueva ciencia desde la obra de Thomas Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas, que puedes bajar aquí).  Aunque en el libro de Kuhn da muchos ejemplos, nunca lo había visto aplicado a la evolución de una ciencia de la manera fascinante como lo hace Thuiller.  Se centra en el desarrollo del grupo del fago, dirigida por Max Delbrück en Estados Unidos y estas fueron las etapas de su desarrollo:

  • Primera fase (1935-45): Se introdujeron ideas de la física en el dominio de la genética.  Los investigadores eran pocos y dispersos.  En términos de Kuhn: cambio de paradigma, momento de innovación teórica.
  • Segunda fase (1945-53): Grandes mejoras a la red de comunicación entre los científicos.  En términos kuhnianos: el nuevo paradigma aporta respuestas efectivas a problemas no resueltos.
  • Tercera fase (1954-62): Se define una conciencia común, se formula el “dogma central”, el reclutamiento es menos fuerte que la etapa anterior, pero la solidaridad del grupo se refuerza, se establece cierto estilo de publicación.  Era un grupo poco estable.
  • Cuarta fase (a partir de 1962): Se institucionaliza.  Según las ideas de Kuhn, aquí es cuando la colectividad científica reconoce el paradigma y se convierte en la “ciencia normal”.

Del segundo texto leído, la introducción del libro DNA: The Double Helix de Donald A. Chambers, creo que lo resume bastante bien una de las frases finales: “estamos presenciando la retirada del grupo de investigación pequeño de la era anterior, impulsada por curiosidad y pasión, donde todos se conocen, dando lugar a los monolitos de hoy, con financiamiento gubernamental e industrial, y sucumbiendo ante la aplicación y las ganancias” (p. 10).

Después de eso viene los “papers” originales publicados en Nature el 25 de Abril de 1953, de Watson y Crick describiendo la estructura de doble hélice del ADN, de Wilkins, Stokes y Wilson quienes describen la estructura molecular de los ácidos dexoribanucleicos y el de Rosalind Franklin quien muestra la configuración molecular con fotografías hechas con Rayos X de moléculas (las cuales le dieron la idea a Watson y Crick).  Si deseas, puedes ver estos documentos aquí.  De todos estos artículos, lo que más me llamó la atención fue la forma en que son redactadas.  Es un estilo totalmente diferente a todos los “papers” que he leído en la actualidad ya que dan gracias a un montón de gente por simplemente discutir con ellos, por otorgarles una beca, etc.  Esto me reitera la frase que escribí en el párrafo anterior: en realidad el mundo científico está cambiando constantemente.  Hace tiempo vi en el pequeño Museo de Historia Natural de Morelia una exposición de naturalistas que trabajaron con especies michoacanas y me llamó muchísimo la atención la manera en que comenzaban sus trabajos de divulgación: “Excelentísimo señor fulano de tal…”.  Sería interesante poder analizar el avance científico a partir de la redacción de los “papers” de la época.  A lo mejor alguien quisiera hacer su tesis de la maestría en comunicación de la ciencia en eso…

El último texto de la semana fue la de “La Ciencia de nuestro tiempo” de John D. Bernal.  El capítulo en cuestión era el de las ciencias biológicas en el siglo XX y,como comentó Norma, se pueden reconocer las fases descritas por Thuiller.  Debo decir que es una narración muy interesante y solo quiero resaltar algunos puntos que me parecieron particularmente relevantes (de ninguna manera es mi intención hacer un resumen de la historia de la biología, para eso es mejor leer el libro).  En primer lugar, creo que toca el punto medular del debate entre el papel del divulgador de la ciencia, si es que debe existir o la divulgación debe ser tarea exclusiva de los científicos o algo intermedio.  Bernal claramente dice que se necesitaría alguien que “estuviera bien informado y tuviera experiencia en muchas disciplinas biológicas… y nada de esto puedo pretender.  Sin embargo… existe un número suficiente de tendencias generales, conocidas por quienes no son especialistas, las cuales nos permiten esbozar cuando menos un cuadro general”.  Con esto saco como conclusión que sería genial que los científicos se encargaran de la divulgación, sin embargo también hay otros que pueden entender lo que está sucediendo lo suficientemente bien como para explicarlo a los demás.

Otro punto interesante es cuando habla de las consideraciones económicas ve como los habitantes están acosados por hambre y enfermedades debido a que no se considera económicamente provechoso mejorar su condición.  Esto me recordó de un artículo utópico, aunque muy interesante, de Freeman Dyson, llamado “Our Biotech Future” donde propone que los avances en la biotecnología puede mejorar la condición económica de los marginados.  Claro que es una visión que, aunque probablemente será posible en un par de años, sería muy complicado echarlo a andar debido a nuestras estructuras sociales y políticas.

Definitivamente se puede decir que una ciencia no avanza sin recursos y necesidades, y esto se hace evidente durante toda la historia.  La biología avanzó gracias a la guerra, a la medicina y a la industria, principalmente.  Y estoy seguro que esto no es solo en la biología, sino que en todos los campos de la ciencia.